Necesitamos Más Puentes

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En Guatemala existe una forma de vida distinta a la mía. En donde para tener agua no se abre un chorro, se camina más de una hora diaria para llegar a un río, para dormir no se tiene un colchón, se cuenta con tablas o una hamaca que se comparte, a la escuela no se va en bus ni en carro, se camina dos horas para llegar, no se prende la luz en las noches y con suerte se come una comida al día.

Este contraste no se puede ignorar.

Hace seis años conocí el municipio de Santa María Cahabón, departamento de Alta Verapaz, un lugar mágico con gente linda, lleno de recursos naturales y suelos fértiles para el cacao, cardamomo y café. Sin embargo, es un lugar con un reto inmenso: Es considerado el municipio más pobre del país, con 51.1 por ciento de desnutrición crónica y estando a solo 300 km de la capital, llegar a Cahabón puede tardar aproximadamente diez horas.

He tenido la oportunidad de visitar Cahabón como parte de los grupos de voluntarios de Asociación Puente para colaborar en la instalación de bienes adquiridos por mujeres de la localidad que han recibido capacitaciones asociadas a la autoestima, seguridad alimentaria, actividades agropecuarias y generación de ingresos y ahorro.

El participar en estos voluntariados me ha dado la oportunidad de conocer cómo vive gran parte de la población guatemalteca y me ha dejado excelentes lecciones de vida.

Los aprendizajes inician desde el curso de inducción, en donde mujeres de la región nos enseñan a instalar paneles solares, recolectores de agua de lluvia, filtros de agua y estufas ahorradoras.

Pero las verdaderas lecciones se tienen al día siguiente, cuando luego de caminar bajo el sol por veredas empinadas y llenas de lodo, se llega a las viviendas en donde los voluntarios con ayuda de las familias y vecinos instalamos los bienes. La cara de felicidad de los niños y el entusiasmo de las familias por ayudar, el orgullo, pero a la vez la humildad de las mujeres que han adquirido estos bienes y su deseo de compartir lo poco que tienen y hacernos sentir bienvenidos a sus hogares es un regalo invaluable. Todo esto nos enseña cómo en uno de los municipios más pobres de Guatemala, con tantas carencias y tanto abandono, un poco de ayuda puede impactar enormemente la vida tanto de las familias de Cahabón como de los voluntarios que decidieron regalarles unas pocas horas de su día a estas personas.

Todos sabemos sobre las diferencias y contrastes que existen, pero pocos hacen algo al respecto. Estoy segura que sin tener que viajar diez horas, el buscar tener la experiencia de compartir con personas que viven en situaciones distintas a las nuestras, nos cambia de perspectiva y nos hace querer involucrarnos.

Guatemala necesita de más “Puentes”, de personas dispuestas a dar su tiempo, intelecto y recursos para cerrar las brechas de las diferencias, de la desigualdad, de las oportunidades, e impactar positivamente en los demás.

Todos tenemos en nuestras vidas oportunidad de ser puente para alguien o algo mejor. 

Empeñémonos en encontrar esa vocación interna que nos haga más conscientes de los problemas de nuestro país para así buscar soluciones viables para mejorarlo.


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