¡El Poder Está!

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Me empiezo a distraer fácilmente, empiezo a leer o a hacer otras cosas que me hagan sentir como si estoy haciendo algo, pero en realidad no estoy avanzando.

No es que no quiera avanzar, es que empiezo a dudar si valdrá la pena hacerlo, si vale la pena arriesgarme, si soy suficientemente buena, si le irá a gustar o interesar a alguien.

Igual, ya hay mucha gente más profesional y con muchos años de experiencia, qué diferencia da uno más o uno menos.

Este es mi caso cada vez que quiero escribir algo.

No estudié cómo escribir, ni soy buena para ortografía ni gramática, por lo que todo es muy nuevo para mí.

Lo más fácil y racional es no hacerlo, pero luego me pongo a pensar que realmente quiero compartir mis experiencias y aprendizajes con el objetivo de poder inspirar y ayudar a cualquier persona pasando por dudas o momentos similares.

Muchas veces que queremos hacer algo nuevo o diferente, nos llenamos de miedo y de dudas que nos paralizan y nos llenan de un deseo de querer huir.

Lo que no sabemos, es que esto es algo que le pasa a TODOS y no podemos evitar.

Nuestro instinto de supervivencia hace que el cuerpo entre automáticamente en un estado de protección cuando percibimos algo como peligroso, dañino o diferente. Razón por la cual sentimos cambios como corazón acelerado, sudor, duda, y un sentimiento de querer escapar.

En ese preciso momento es cuando empezamos a pensar todo lo que podría salir mal, y hacemos mil y una historias que nos convencen a no hacerlo.

Pensamos que el miedo es una señal que no estamos listos.

Por lo que nos quedamos esperando el ‘momento perfecto’ o que alguien externo nos asegure que estamos listos y que somos suficientemente buenos, pero en realidad eso nunca pasará. La única persona que puede darnos permiso y puede definir el momento perfecto, somos nosotros mismos.

Si no lo intento, dejaré pasar la oportunidad de hacer algo diferente, de aprender, de retarme a mejorar, de alcanzar mis sueños, de inspirar a otras personas.

El momento en el que empezamos a intentar y nos tiramos al agua, es el momento en el cual iniciamos a descubrir nuestra fuerza y nuestras capacidades.

Es cuando empezamos a darnos cuenta que es posible.

Es cuando realizamos que es mejor intentarlo que quedarse con la pregunta ¿qué hubiera pasado si…

  • ...hubiera dicho mi idea en la reunión de trabajo?
  • ...hubiera pedido mi promoción en el trabajo y me lo daban?
  • ...hubiera renunciado a mi trabajo para poner mi propio negocio?
  • ...hubiera aceptado la nueva propuesta de trabajo que me ofrecieron?
  • ...hubiera decidido salir temprano de la oficina para pasar más tiempo con mi familia?
  • ...hubiera escrito lo que he aprendido y ayudado a otras personas que están pasando por lo mismo?

Ponte a pensar en algún momento en el cual, a pesar del miedo, decidiste hacerlo…como hablar en una reunión de trabajo, enviar una aplicación para un nuevo trabajo, hablar en público, hacer algo extremo como paracaídas, o cualquier otra cosa.

Estoy segura que en la mayoría de estas situaciones, luego de hacerlo pensaste… “¡no estuvo mal!”. Todas las historias de lo que pensamos que podía pasar, no pasaron, o si alguna pasó no fue el fin del mundo.

Muchas veces olvidamos que las pequeñas decisiones que hacemos día a día pueden tener un gran impacto en nuestra vida.

En cuestión de segundos podemos decidir hacer o no hacer algo, hablar o no hablar, cambiar o quedarnos igual, sentir miedo o usarlo para iniciar a actuar.

Podemos decirnos a nosotros mismos: miedo, sé que estás intentando protegerme, pero en este momento tomar esta decisión es algo que quiero hacer, por lo que no dedicaré tiempo a pensar en qué puede pasar, sino más bien dedicaré tiempo a pensar en qué debo hacer para que suceda.

Tenemos un creencia errónea que ser valiente significa no tener miedo, pero en realidad, ser valiente es actuar a pesar de tener miedo.

El miedo y las dudas es algo que siempre tendremos, es parte de nosotros, no puedes eliminarlo pero podemos aprender a controlarlo porque el poder está en cada una de nosotras.

Por Carolina Escobar