Ser Mujer No Me Hace Ser Débil

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Recuerdo que desde pequeña escuché que las mujeres éramos el sexo débil y siempre me pregunté por qué lo decían.

Crecí en un hogar muy tradicional y no se me permitía tener juguetes de niños, es decir, carritos, patineta, trompos y todo lo que para mí era lo más divertido que podía encontrar. Mis juguetes fueron los típicos juguetes de niña, que si bien me gustaban, no eran exactamente lo que quería… Aunque sí disfruté el carruaje que me regalaron una navidad, porque sentaba a mi gato, le ponía el cinturón de seguridad, agarraba el montón de bolsas llenas de juguetes y lo llevaba de paseo por la casa (el pobre gato con carita de preocupación).

Siempre fui de carácter fuerte, si me enojaba no me quedaba callada, si me molestaban me defendía, me gustaba jugar de peleas y recuerdo las veces que me metía en un tonel y los chicos me hacían rodar por la calle, claro, sin que lo supieran en casa. Así que cuando escuchaba que nosotras éramos el sexo débil, mi mente iniciaba un recorrido por todos los pensamientos posibles tratando de comprender la razón de esa frase que, con mi inocencia, pensaba que seguramente lo decían porque tendemos a ser muy sentimentales y yo en lo personal siempre lloro a moco tendido.

Cuando me convertí en madre, mi vida cambió radicalmente, además del cambio físico, también cambió la forma de ver las cosas. El tener un pequeño ser dentro de mí por nueve meses y todo lo que conlleva (dolores, riesgos, tristezas, cambios físicos, hormonales y la lista sigue...) me hizo pensar muy detenidamente en dónde cabía la palabra: “débil”. Sobre todo porque mi vida no ha sido fácil y he enfrentado situaciones difíciles que he superado haciendo uso de mis capacidades, pero principalmente, mi fuerza física y mental.

Con mi hija he revivido experiencias de mi niñez porque es igual a mí, le gusta jugar de todo: muñecas, al té con sus peluches, de peleas con papá, trompo, cincos, arma puentes, carros, elevadores… En fin de todo y lo disfruta increíblemente. Pero ha tenido experiencias en las que ella quiere jugar football con los chicos en el colegio y ellos no la dejan porque es niña, algo que la sorprendió porque nunca le hemos enseñado que los juegos son exclusivos para niñas o niños.

Estas experiencias, la mía y de mi hija, me llevan a pensar que es en la niñez donde aprendemos y parte la idea preconcebida que nosotras no somos capaces o no debemos hacer algo, sólo por el hecho de ser mujeres, concepto equivocado que se arraiga y llega a influenciar nuestra vida adulta, tanto en la parte personal como profesional. Es por esta razón que creo firmemente en que estas ideas equivocadas las podemos cambiar si les enseñamos a nuestros hijos que las únicas diferencias que hay entre niñas y niños son físicas, pero ello no determina si se es más o menos capaz.

Ser mujer no es sinónimo de debilidad y de hecho ambos, mujeres y hombres, hemos tenido momentos en los que nos sentimos débiles y eso no es malo, no nos hace menos o incapaces, simplemente es una reacción y es parte de las etapas que atravesamos en la vida.

Yo sé que soy fuerte, decidida, firme y valiente, pero también soy sutil, tierna, amorosa y lloro cual caricatura china y esto no me hace débil, al contrario, son estas cualidades las que en conjunto me han permitido afrontar la vida y sobrepasar obstáculos.

Esto es lo que transmito a mi hija y le demuestro que ella también puede serlo sin importar lo que se pretenda establecer, porque somos mujeres y somos fuertes.

Por Macela Gómez