Niña Soñadora, Mujer Luchadora

Collage por  Majo Enriquez

Collage por Majo Enriquez

Hace algunos años, una niña se encontraba en medio de un jardín, sus pequeños pies descansaban sobre la grama verde y su traje de gamuza violeta hacía un conjunto perfecto con las plantas del lugar. Observaba atentamente las flores, sin dudarlo se acercó a ellas y tomó una, al tenerla en sus manos brillaron sus ojos y una sonrisa brotó de sus labios, le hacía tanta ilusión que la sostenía como una madre a su pequeño.

Mientras la niña crecía sus deseos crecían con ella, cada día soñaba con algo nuevo y cada sueño la llevaba a un lugar mágico, en ese lugar todo era posible, todo tenía una solución, todo era perfecto. Solía viajar mientras estaba en clases, viajaba a lugares diseñados por su imaginación y tenía el poder de viajar al futuro.

Ese futuro era muy claro para ella, todo sucedía justo como lo diseñaba en su pasado.

Una tarde en que los rayos del sol iluminaban una pequeña sala, se tiró al suelo, colocó sus crayones, muchas hojas y comenzó a dibujar como si no existiera nada más, sólo eran ella y sus dibujos. Flores, hojas, corazones y trazos que inocentemente sentía eran las más perfectas dedicatorias salidas desde lo más profundo de su corazón. Soñaba con ser astronauta, bailarina, maestra, pintora, nadadora  y era prácticamente todo lo que le atraía lo que ella quería hacer, la palabra: límite, no significaba nada para ella.

Image Source  @thejohnnysmith

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Pero pasó el tiempo y la niña fue olvidando ese lugar mágico, todo cambiaba cada día.

Las palabras y frases que escuchaba constantemente empezaron a resonar fuerte en su cabeza: “tú no podés, no es posible, tú de todo querés hacer y no vas a lograrlo, eso es imposible, jaja!”.

Finalmente llegó el día en que el mundo mágico desapareció.

“¿A dónde se fué? ¿Ese mundo de verdad existió? Vá! Qué tonta!” se dijo. No había más, no más tardes soleadas acompañadas de dibujos perfectos (o al menos para ella lo eran), no más viajes al futuro, “Eso simplemente es imposible” decía. Fue como tomar el dibujo más especial y destruirlo sin sentimiento alguno, como si no hubiera significado nada.

La niña se convirtió en mujer y fueron muchos los años que pasó en un profundo vacío, pero la niña soñadora seguía ahí, dormida, “Sé que está dormida” se decía en voz muy baja.

Una noche acostada en la camilla del hospital, junto al hombre que decidió acompañarla en su paso por la vida y que sostenía su mano, escuchó finalmente un llanto que durante meses anhelaba escuchar: ¡Era ella! La niña había vuelto a nacer, ya no estaba en su interior, estaba ahí con ella, con ellos. Era la niña de su futuro y así de pronto el mundo mágico comenzó a aparecer nuevamente, muy lentamente, tan sigiloso como si tuviera miedo de aparecer, pero seguía ahí.

La niña del pasado era yo y mi futuro es mi hija, quien me trajo de vuelta la ilusión, la magia y me llena de sueños cada día.

A veces me pregunto si esto es una extraña coincidencia o muy dentro de mí sabía lo que la vida podría traerme, a pesar de ser tan pequeña. Tener a mi hija y que sea exactamente igual a mí en gustos y sueños, me hace reflexionar en lo increíble y a la vez misteriosa que es la vida. Mi pasado me ha enseñado a luchar por mi futuro y las experiencias negativas me dan la fuerza inagotable para levantar la frente y seguir... por ella, por mí.

Dejar atrás los pesos que hemos arrastrado durante años no es fácil, pero tampoco imposible.

Necesité un largo tiempo para desintoxicar mi mente de pensamientos negativos y destructivos, hace dos años inicié mi proceso de cambio y eso sucedió porque decidí hacerlo. No hay pociones mágicas, no hay secretos y las frases no tienen sentido si no tomamos la firme decisión de dejar de arrastrar lo que nos destruye.

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Me dijeron que no podía y sin darme cuenta luché y he logrado mucho de lo que me propuse cuando era tan pequeña, quizá no lo ví antes porque a simple vista todo parece imposible, pero el deseo es tan fuerte que impulsa, lo que me lleva a creer que todo está en desear más que en pensar.

Las mujeres somos eso, soñadoras y luchadoras. Las malas experiencias las convertimos en un motor que nos impulsa hacia el objetivo que diseñamos.

Tenemos una fuerza asombrosa que mediante nuestras experiencias de vida llegamos a comprender y dominar, darnos por vencidas no es una opción y alcanzar metas es nuestra motivación.