7 Caminos Que Nos Alejan De Nuestras Metas

Image Source Refinery29 y @zivabelle

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Es típico que cuando empieza el año nos ponemos a pensar en las metas o resoluciones que nos planteamos durante el año pasado y pasa de manera frecuente qué son más las metas qué no logramos alcanzar que las que sí, y las que sí hemos alcanzado o logrado, son el resultado de la casualidad o porque cuando nos las hemos propuesto eran cosas que estaban por cumplirse. 

En base a mi experiencia, varios años de observación de mí misma y de los que me rodean, leer varios libros y hacer prueba y error de distintos métodos, llegué a la conclusión que éstas son las causas más frecuentes de por qué no alcanzamos nuestras metas. Estar consciente y trabajar en estas señales hizo una diferencia en mi vida. Hay muchas más, pero estas son para mí las principales.

No hay un para qué.

Puede ser que la meta no tenga un propósito real en nuestras vidas, porque a veces es una meta importante para alguien más, pero no para nosotros, o intentamos alcanzar esa meta para pertenecer a un grupo u obtener la aceptación de nuestra familia, pareja o amigos. No es una meta que nosotros realmente queremos. A la pregunta de ¿Por qué quiero ….? un “porque me da la gana” es tan válido como cualquier otra respuesta, pero un ¿Para qué quiero…? nos hace realmente indagar en el motivo profundo de dicha meta. La motivación no va a estar presente todo el tiempo y si nuestro “Para qué” no es poderoso, todo dependerá de las ganas que tengamos de hacer las cosas. 

Tenemos una meta simultánea contraria.

Muchas veces tenemos conflictos y dilemas internos, queremos a veces algo y al mismo tiempo queremos lo contrario. Y esa falta de claridad está relacionada al propósito de alcanzar uno o los dos objetivos, ninguno de los dos tiene propósitos lo suficientemente fuertes para que tomemos un camino decisivo. Y la mente es práctica, entre las dos acciones contrarias nos va a llevar por la que no nos saca de la zona de confort, por la que requiere menos esfuerzo.

No son metas SMART

Para qué las metas u objetivos tengan mayor posibilidad de ser alcanzados, debemos empezar por el principio. Cómo planteamos nuestras metas tiene un gran impacto en cómo las abordamos y los pasos que vamos tomando para alcanzarlas. Si las metas no son específicas, medibles, alcanzables, relevantes (en algunas versiones la R se refiere a Realista, yo prefiero Relevante) y con tiempo determinado, es mucho más probable que nuestras metas no lleguen ni a Febrero.  No es lo mismo decir “Quiero mejorar mi relacion con mi mama” a decir, “Voy a llamar a mi mama 1 vez a la semana, a partir de hoy”. O decir “Quiero adelgazar” a decir, “Voy a bajar 2 libras durante Febrero”

Abarcar mucho y apretar poco.

Cuando hacemos nuestra lista de objetivos a alcanzar, en la emoción de año nuevo y vida nueva, nos vamos con todas nuestras energías y fuerza de voluntad a querer trabajar en todo al mismo tiempo. Tanto las energías, como la fuerza de la voluntad son finitas, y si no las canalizamos de la manera correcta y en base a prioridades, a veces nos gastamos nuestra gasolina en las metas incorrectas. Es mucho más sencillo y efectivo y trabajando una cosa en uno o dos ámbitos de nuestra vida a la vez.

Hábitos van, hábitos vienen y nuestra rutina se detiene.

Nos han vendido la idea que cambiar un hábito toma 21 días, mientras que la ciencia demuestra que toma entre 21 y 90 dependiendo de muchos factores, o sea en promedio son 55 días para romper o formar un hábito. Los hábitos buenos o malos tienen la misma estructura 1) disparador 2) un proceso y  3) una recompensa. Si ésto no se comprende a profundidad, crear o romper un hábito nos costara el doble de trabajo, y al ver que al dia 21 no hemos logrado avanzar, lo más probable es que nos rindamos.

Abrumadora realidad

Muchas veces cuando emprendemos la aventura de trabajar en un proyecto, en el camino nos damos cuenta de la cantidad de información y formación qué se necesita. Creímos que el asunto era mucho más fácil y rápido y resulta que lo que sabemos no es suficiente  y eso nos asusta, nos abruma y el miedo al fracaso parece invadirnos, haciéndonos desistir más rápido de nuestros objetivos.

Miedo al éxito.

Ésta la tengo muy presente. Empezar a trabajar en un proyecto, todo marcha sobre ruedas y al parecer nos va mucho mejor de lo que creíamos o el progreso va siendo mucho más rápido, pero el pánico se aparece cuando nos damos cuenta que muchas cosas de nuestra vida podrían cambiar debido a que las cosas están saliendo demasiado bien. Nos aterra pensar todo a lo que tendríamos al renunciar qué está en nuestra zona de confort, porque puede ser que a partir del éxito todo sea desconocido.

Mucha veces no sabemos cuál es el camino exacto a seguir, pero ayuda mucho saber cuál definitivamente no es el camino. Lograr algo no nos toma demasiado tiempo, lo que toma demasiado tiempo es tomar la decisión. El resto son mini metas a alcanzar que nos llevan a la más grande

Me pasó muchas veces que yo no quería luchar por las cosas que quería, me daba pereza mental salir de mi zona de confort y me daba tedio pensar en todo el esfuerzo que requería. Entonces, fue más fácil para mi culpar al pasado, a las circunstancias y a todo lo que estaba fuera de mí. Excusas. Hasta que entendí que está bien quedarme donde ya estaba, quedarse en la zona de confort es tan válido como querer salir de ella, pero me tuve que hacer cargo y responsable de usar mi coraje y energía para soportar a regañadientes mi vida en vez de usarlos para buscar lo que me llenaba mi ser y me hacía feliz y poder AMAR mi vida.

Blog de Ana Bobadilla: www.anaresiliencia.com

Por Ana Bobadilla