No Soy Parisina (Y Tú Tampoco)

Image Source: Instagram, Jeanne Damas

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Como casi todas las mujeres… ever… quise ser parisina en algún momento de mi vida. ¿Por qué no? Son las mujeres más bellas, interesantes, cool, misteriosas, chic, etc, etc, etc. Para mí esa etapa fue cuando empecé la U y me hice BFFs de una parisina que me recomendó que viera (Surprise! Surprise!) Amélie.

Sí, fui un cliché.

De primero me obsesioné con todo lo de Amélie: Audrey Tautou, Montmartre, el soundtrack de Yann Tiersen… todo. Después fue la música en francés: Serge Gainsbourg, Carla Bruni, Joe Dassin, entre muchísimos más. Leí todo sobre la Belle Epoque, Moulin Rouge, y Toulouse-Lautrec. Y, aunque ya había ido a Paris varias veces, el verano de mi primer semestre fui convencida que iba a regresar con un entendimiento nuevo de la vida y un “je ne sais quoi”.

Tomemos un minuto para ahogarnos de la risa juntas.

Bueno, en qué estaba? Ah sí, enloqueciendo. Estaba segura que si aprendía a vestirme e imitar a una francesa yo iba a cambiar intrínsecamente. ::sigh:: Lo analicé todo; como llevaban los jeans, se peinaban (o despeinaban), fumaban, etc. Y, para no alargarme, lo probé y fallé.

Fallé épicamente.

Me enteré que yo no podía pull-off el pelo de recién salida de la cama porque, aparte de ser colochísima, la humedad en Miami hacía que mi pelo tuviera tanto frizz que al final del día parecía un afro. Ah, y el look de rouge rojo durante el día? Me lo aplicaba en la mañana y se me olvidaba re-aplicar hasta que empezaba a verse como delineador (un poco menos Céline y un poco más Selena). Y no empecemos con la ropa! Regalé casi todo para quedarme solo con basics en Miami, una ciudad conocida por su moda colorida, y en una etapa de mi vida en donde salía clubbing todos los fines de semana… no tenía ropa apropiada…nunca! Como les dije, epic fail.

Adelantémonos unos 12 (ah!) años, varias lecciones de vida, y un amor propio encontrado, al 2017. Ahora entiendo que yo y todas las que hemos pasado por algo similar, tenemos que amar y aceptar nuestra propia cultura y a nosotras mismas. Solo así podemos apreciar otras culturas, sin tratar de apropiarnos de ellas.

Acabo de regresar de Paris con hubz y ha sido la primera vez que no me sentí como el patito feo o extraño, porque ahora entiendo que ser parisina no es algo superficial; es un estado constante de seguridad en si mismo y amor propio que viene con el conocimiento de que lo mejor que podemos ser es uno mismo.

Por Cristina Rozas-Botrán