Amor Propio Como Pre-Requisito De La Sororidad

El tema del amor propio parece estar de moda, pero es de verdad la base de una mejor toma de decisiones, de tener mejores relaciones interpersonales y de estar mejor con nosotras mismas.

Cuando aprendemos a amarnos a nosotras mismas, dejamos de juzgarnos, dejamos de recriminarnos por los errores cometidos y aprendemos a perdonarnos. Cuando nos vemos a nosotras mismas en retrospectiva a través de los lentes del amor propio, podemos reconocer en nosotras una serie de nuevos conocimientos y experiencias que no teníamos antes, y qué nos hace ver hoy por hoy las cosas diferentes. Claro que, si hubiéramos tenido en el pasado, el conocimiento del presente, otra cosa sería, pero no lo teníamos; por lo tanto, hoy tenemos un privilegio que en vez de usarlo para juzgarnos, nos debería de servir para comprender que el conocimiento es un privilegio y que primero que nada no todas lo adquirimos; cuando lo hacemos, no todas lo adquirimos de la misma manera, en el mismo momento, ni lo entendemos a la misma velocidad.

Cuando me he topado con mujeres que se comportan de una manera qué, de alguna forma me doy el lujo de “desaprobar” y de forma directa me afecta, lo primero que trato de hacer es comprender que no puedo medir el comportamiento de las demás en base a cómo me mido a mí misma, que contamos con diferentes niveles de madurez, de experiencias y contexto y que, ciertamente no estoy en posición de calificar esas conductas como buenas o malas, ya qué, al final, lo bueno o malo es puramente subjetivo y sujeto a la moral de cada quien.

Ojalá esto de la sororidad fuera como un chip de encender y que ya no se pueda volver a apagar, pero no. La sororidad como el feminismo en sí, es un desaprendizaje y aprendizaje constante. Es un trabajo interno diario y así como yo he cometido errores puramente humanos por mi falta de madurez, de empatía, o por ser desleal aún cuando lo que trataba de hacer era ser leal a mí misma, así de esa misma manera debo de ver a las demás.

Cuando no estemos siendo sororarias, cuando estemos juzgando como “poco feministas” a otras mujeres, o juzgando cómo viven otras su feminismo, primero deberíamos de voltear a ver al espejo y revisarnos si en algún momento de nuestra vida no nos hemos comportado de esa forma que juzgamos ya que todas hemos sido menos “evolucionadas” en algún punto de nuestro pasado.

Entre más feministas somos, no somos superiores a las demás, sólo contamos con más herramientas para ayudarnos unas a otras, para hacernos crecer y para ayudarnos a entender que podemos elegir y tomar decisiones; no sólo sobre nuestros cuerpos, sino también sobre nuestras mentes y sentimientos.

Por Ana Lucia Bobadilla