Entre San Google Maps Y Gotas De Energía y Luz: Travel Log, Japón

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9 de la noche, llegamos a Nara con toda la energía del mundo para salir a conocer (por conocer, me refiero ¡COMER!). Arrastramos nuestras maletas de la estación hacia el apartamento y debo decir que el unsung hero de todo el viaje fue Google Maps. A diferencia de Kobe, Nara parecía ser un pueblo con casas pequeñas y absolutamente cero edificios. De noche se sentía como estar en el puerto, con humedad terrible y un olor particular. En fin, pasamos dejando nuestras cosas y salimos a buscar un lugar dónde comer.

Caminamos un par de cuadras y las calles estaban casi vacías, todo muy tranquilo y sencillo. Después de un rato llegamos a una como calle o mercado que estaba vivo con colores, olores y música, pero siempre vacío. Encontramos un restaurante que cerraba a media noche y sin ver el menú, entramos. El mesero nos comentó que los martes, todo cierra temprano en Japón y eso explicaba la ciudad fantasma que recorrimos.

Al día siguiente descubrimos la razón de la insoportable humedad y es que amaneció diluviando. Obviamente, nadie llevaba ropa de lluvia y menos un paraguas así que nos empapamos rumbo a Nara Park, en las faldas del Monte Wakakusa, a ver venados y conocer los templos. Valerie, otra de las amigas con las que viajamos, estaba muy emocionada de ver a los venados y compró unas galletitas para darles de comer pero las cosas se salieron un poco de control y la atacaron. Fue un escándalo y todos los japoneses a nuestro alrededor se reían, cosa que se volvió una constante en el viaje. Lo bueno es que ahora tengo un pequeño video de venados sagrados atacando a mi mejor amiga :D.

Ahí mismo, entramos a nuestro primer templo del viaje: Kofuku-ji, un templo Budista que fue parte de los “Siete Grandes Templos” de Nara. Aquí es donde me di cuenta que el dinero en Japón desaparece en templos y museos. Vale completamente la pena pero es algo que hay que considerar.

Al salir, empezó a llover más fuerte pero siento que en lugares como Nara, la lluvia agrega mucho. El verde se ve más verde y las gotas hacen que todo esté como cargado de energía y luz. Y justo con esa luz es que caminamos hacia el segundo templo Budista del día, Todai-ji. Todos estábamos muy emocionados por este templo en especial porque en el centro está ubicada una de las estatuas de Buda más grandes del mundo: el Buda Vairochana, o Daibutsu. Cuando íbamos entrando nos dimos cuenta que el lugar estaba lleno porque justo ese día había una procesión de 1,000 monjes Budistas que iban rezando y tocando tambores en celebración a la ceremonia por la paz y felicidad mundial. Yo no soy muy espiritual y nada religiosa pero presenciar esto me erizó todito el cuerpo. Todo el tiempo que estuvimos ahí estuve como viendo el mundo por primera vez. La música era dulce y ligera, los monjes estaban sonrientes (¡y hasta tomándose selfies!) y el templo estaba lleno de niños corriendo y riendo.

Ahí mismo, dentro de Todai-ji, hay una columna con un agujero que es del mismo tamaño que las fosas nasales del Buda gigante y la gente dice que quienes logran pasar por el, es porque están enlightened. Yo creo que los que pasan o son niños o son flexibles pero obviamente hicimos la cola y unos cuantos moretes después, pasamos por el otro lado mientras todos los niños en uniformes de colegio nos animaban y aplaudían. No sé si estamos iluminados o no pero se sintió como un renacer ahí mismo, en el templo, rodeada de la energía increíble de completos extraños.

Fue una experiencia verdaderamente espectacular. Afuera el cielo seguía gris pero en el templo, había una luz plateada que salía de todos lados y hacía que todo brillara aún más. Salí con el corazón rebalsado ese día y me terminé de convencer que muchas veces, la lluvia trae cosas muy buenas.

Esa tarde, fuimos a un restaurante a comer Kakinoha-zushi, una delicatessen de la región. Es como el sushi normal solo que un poco más grande, rectangular y está envuelto en hojas de caqui. La mayoría de los lugares los vende en combos tipo bento boxes y tiene un sabor un poco dulce y particular. La verdad es que fue de lo mejorcito que probé en todo el viaje.

Como teníamos desde la primera noche en Tokio de no salir, esa noche decidimos tomar una de las recomendaciones del dueño de nuestro apartamento y salimos en busca del speakeasy de Nara. Las calles estaban un poco más vivas que la noche anterior pero no mucho y la verdad que me pareció muy raro. Se sentía como que si éramos los únicos extranjeros en todo el pueblo, y la gente se escondía al vernos caminar. Como en Kobe, este lugar era una cosa de día y algo completamente distinto de noche. Estaba desierto y nos llamaba a explorar.

Después de un tiempo, San Google Maps nos llevó al sótano de un pequeño edificio descuidado. Al ver esto, no nos esperábamos mayor cosa del bar pero estábamos tan equivocados. Solo fue abrir las puertas e inmediatamente nos dimos cuenta que existía otro mundo en este lugar; escondido y probablemente debajo de los templos y en los sótanos. El bar era espectacular y underground y completamente diseñado como la época de los años 20; un speakeasy de verdad. Con la boca todavía abierta, nos sentamos en uno de los booths y le pedimos al bartender un buen whiskey japonés (velvety and smooth af!). Para hacerles la historia más corta, paramos en el 7 Eleven a las 2 de la mañana comprando onigiri de “cena” y cervezas para el resto de la noche. Ahí fue cuando empezó mi transformación de persona a onigiri. No les podría decir cuántos me comí en todo el viaje pero mínimo, dos al día. Mínimo.

Al día siguiente amanecimos heridos pero con esa falsa energía que solo la resaca te da. Salimos 2 minutos antes del check out, dejamos las maletas en los lockers de la estación y tomamos el tren hacia nuestro tercer templo: Horyu-ji, uno de los templos Budistas más antiguos de Japón cuya pagoda es una de las construcciones de madera más antiguas del mundo. El lugar queda un poco lejos del centro de Nara pero vale la pena la visita, es verdaderamente una belleza. Tuvimos suerte porque no había un alma ese día, el templo estaba todo para nosotros y nos pasamos el día entero caminando por los jardines y estructuras. Fue justo lo que necesitaba, Japón y su luz. Japón y su magia.

"I spent the perfect day staring at something beautiful."

Por Natalia Castañeda