Cambios de Percepción: Travel Log

Japón Primer Contacto

Image Source Natalia Castañeda @natalia_castaneda

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Mi primer acercamiento a la cultura japonesa fue cuando tenía alrededor de 8 años y mis papás aprendieron a hacer sushi.

La verdad que no debería decir “cultura japonesa” sino “percepción occidental de lo que la cultura japonesa es, según visto en las películas y el terrible menú de Benihana”.

Pero I didn’t know any better así que llegaba feliz al colegio con mi lonchera llena de California Rolls y tuppers a los que nunca se les fue el olor.

La segunda vez que tuve algún tipo de contacto con esta mítica isla fue cuando mi hermana mayor me introdujo al animé con Spirited Away, el film escrito y dirigido por Hayao Miyazaki y producido por el gigante Studio Ghibli. La película me impactó mucho y me hizo sentir cosas que no sabía que una película animada me podía transmitir. Me dejó con esta cualidad nostálgica de la cual nunca logré desprenderme del todo. Lloré mares cuando la vi y todavía lo hago cuando regreso a ella.

En fin, mi conocimiento de todo lo relacionado con Japón, ya sea pop culture o política e historia, siempre fue muy superficial y escaso pero desde el inicio reconocí que era algo completamente alejado a lo que yo estaba acostumbrada y lo tenía que explorar más. Desde esa primera vez que probé la versión de mis papás de sushi es que supe que tenía que visitar La Tierra del Sol Naciente.

Específicamente quería ir a comer sushi de verdad.

Este año tuve la oportunidad de viajar a Japón y ya que un muy buen amigo estaba viviendo ahí, tenía una razón más para ir. Me convencí que TENÍA que visitar a Nacho y, aprovechando que mi empleo me permite viajar y trabajar al mismo tiempo, compré mi pasaje a las 3 de la mañana (siempre son compras impulsivas en noches de insomnio, en mi caso) y empezamos a planear el viaje.

Volé de Londres, donde llevaba un mes, a Zurich y luego a Tokio. Fue el vuelo más largo de mi vida. Creo que sobreviví esas 24 horas de viaje a base de muy mal café (¡lo más triste que existe!) y demasiada emoción. En ese último vuelo fue donde me di cuenta que iba a pasar dos semanas y media sin entender absolutamente nada. Los menús estaban en japonés, el 97% de los pasajeros eran asiáticos, me dieron pescado de desayuno… I was f*cking excited for the weird and wonderful adventure!

Cuando por fin llegué a Tokio, fue un caos divino de ansiedad y sobre estimulación de todos mis sentidos desde el momento en el que me bajé del tren.

Mi amigo me había dicho exactamente qué tren tomar, en qué estación bajarme y hacia dónde cruzar el momento en el que me bajaba del tren, a la derecha y a la salida, donde él me iba a estar esperando. Obviamente, me bajé del tren y vi que TODOS estaban yendo hacia la derecha, me dio claustrofobia, crucé a la izquierda y me perdí. La primera vez de muchas. Pasamos hora y media tratando de encontrarnos en la Estación de Shibuya, que es gigantesca, hasta que milagrosamente reconocí una cabeza colocha y sonriente entre los mares de gente: Ignacio.

Ya juntos, no desperdiciamos ni un segundo del día. Nacho me llevó a un hole-in-the-wall sushi joint en una de las calles más famosas y transitadas de Tokio, Takeshita Street en el distrito de Harajuku (definitivamente mi primera comida en Japón iba a ser sushi). Nunca había comido nigiri más fresco y barato como el de ese día. Me sorprendió mucho porque el menú era una tablet donde tenía que apachar la foto que más me llamara la atención (porque todo está en Japonés, obviamente, nos guiábamos por las imágenes) y luego me mandaban el plato por un tubo de metal. Estaba comiendo el pescado más fresco del mundo en el lugar más inesperado y kitsch del mundo. Mínimo eso es lo que pensé en ese momento porqué luego descubrí que los 7 Eleven de Japón son la gloría y el concepto de kitsch solo no puede existir en un lugar donde lo excéntrico es lo normal.

Mis primeras impresiones fueron una mezcla de expectativas y prejuicios que yo llevaba con aspectos que realmente no me imaginaba.

Primero está el Tokio de Sofía Coppola que vemos en Lost in Translation, con los edificios gigantes, anuncios extraños, la predominancia del color rojo y los océanos de gente cansada en Shinjuku pero luego está el Tokio que me sedujo. El de esas esquinas utópicas en Shibuya, con sus edificios pequeños y de color negro mate. El uso de azulejos color pastel, los locales especializados, el diseño y la moda. Todo es hermoso y estéticamente relajante. Se ve que cada línea, cada detalle, cada patrón y cada elemento tienen un propósito más allá de lo funcional. It has to be pretty to look at and it definitely is!

Esas primeras 24 horas en Tokio fueron un desastre increíble de cerveza, comida, jet lag, luces neón y desvelo acumulado que culminó a las 5 de la mañana, sentados en el tatami de un monoambiente, tomando cerveza en el corazón de Tokio y discutiendo sobre qué es el amor y lo que significa estar vivo.

TO BE CONTINUED...

Por Natalia Castañeda