Lo Acepto! Necesito Ayuda

Por Andrea López (Shyshu)

Ilustración de Shyshu

Ilustración de Shyshu

Cuando era niña, siempre pensé que iba a comerme el mundo.
Inevitablemente mi mamá me enseñó que tenía todo por delante y que sería brillante, alcanzaría todas mis metas, que solo tenía que trabajar duro y creermelo y las cosas iban a suceder.
Pero algo más pasaba conmigo. Solía tener ataques horribles de furia teniendo tan solo unos 5 o 6 años y mi dificultad para mezclarme con niños de mi edad era cada vez más evidente, sin contar con que no podía hablar con niños del sexo opuesto.

Recuerdo que muy a menudo mis tíos o mi papá expresaban su descontento porque mi mamá siempre me llevó con una psicóloga.

Yo llegaba y ni siquiera sabía bien que pasaba porque platicaba con ella mientras pintaba o hacía las tareas, luego mi mamá llegaba por mi, ellas hablaban y regresábamos a la casa.
Uno de tantos días solo no regresé a la oficina de la psicóloga. Tenía que ver con que querían recetarme y mi mamá no estaba de acuerdo. Así, pasé algún tiempo entrando y saliendo de algunos consultorios, siempre sin regresar por la misma razón, todo porque yo "no estaba loca" y el tomar algún medicamento probablemente significaría que aceptaba que si lo estaba.

Agrego a esto, que perdí mi autoestima y mis emociones se volvieron una montaña rusa.

Tuve un novio al que le hacía escenas de celos horribles y le revisaba el teléfono justificándome, no tenía amigas mujeres.

Creía que las mujeres estaban todas en contra de mi y que todas estaban locas o que me querían quitar al novio.

Solía despertarme a mitad de la noche creyendo que me estaba muriendo, que tenía ataques de asma o que mi corazón se iba a parar.

Pero como no siempre todo era malo, yo creía que era... bueno, ¿normal?

Terminé mi relación luego de un largo período de tortura, me di cuenta que estaba dañando tanto a mi novio como a mi, creía que no merecía nada y me alejé de mis amigos.

Lloraba en el trabajo y cuando estaba en mi casa solo dormía.

Me tomó tres ataques de pánico que al principio confundía con asma el darme cuenta que las cosas no iban a cambiar y por casualidad, hablé con alguien que me recomendó ir a terapia y esta vez decidí aceptar lo único que no había querido intentar antes.

Pasé años trabajando en mi, pasé por un largo proceso de deconstrucción, a través del cual aprendí a perdonarme por alejarme de las personas que quería, aprendí a tomar mis medicamentos y acepté que la depresión no me la tenía que bajar con una cerveza.

Me caí una y otra vez, en el camino encontré amigos nuevos, quienes me ayudaron a levantarme cuando no podía sola y aprendí que en mi familia, no era la única con este problema.

El punto es, si estás leyendo esto y llegaste hasta aquí, aprende a deconstruirte.

Date la oportunidad de observarte a ti misma sin miedo a encontrar algo malo.

Porque con ello y con el tiempo, yo sé que sigo aprendiendo.

Sigo aprendiendo que las mujeres no están en contra de mi y que no me quieren robar a mi novio.

Aprendí a abrazar la idea del feminismo y a apreciar el significado que yo le quiera dar y como vivirlo y eso me dio una red de apoyo, en donde estoy 100% segura de que no estoy sola.

Aprendí a perdonar mis errores, a estar ahí para otros y a reconocer cuando no puedo más.

No voy a mentir, por supuesto que tengo miedo de volver a caer en ese punto donde estaba y por supuesto que en ocasiones me levanto y no estoy conforme con nada. La diferencia es que ahora tengo herramientas que antes no tenía, o que simplemente no veía. A pesar de todo, esta condición me dio la capacidad de deconstruirme y encontrarme a mi misma, a hacer con otras mujeres, con mi pasado con mi familia y sobre todo, conmigo.