Cómo El Auto-cuidado Se Convirtió En Tanto Trabajo

Por Charlotte Lieberman, traducción por Maggie Villela

Image Source UpperCut Images

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En los Estados Unidos de América, no es para nada desconocido el “auto-mejoramiento”, desde la meditación y aceites esenciales de los 60’s a los videos de aeróbicos de Jane Fonda de los 80’s y el “fat-free de TODO” de los 90’s.

 “Nada te puede traer paz más que tú mismo” escribió Ralph Waldo Emerson en 1841, sonando un poquito como un instructor de spinning un tanto moderno. Desde estas profundas raíces, la industria de $11 billones de “auto-mejoramiento” ha crecido.

Hoy en día, como muchas cosas que nos rodean, esa industria se ve muy influenciada por la tecnología. Nuestro enfoque está alejándose de la persona en sí -nuestros cuerpos, mentes y espíritus- y se está guiando hacia los “datos” sobre nuestro ser. Con el iTodo que nos rodea todo el tiempo, esperamos que nuestros pasos sean contados, nuestros ciclos de sueño sean grabados y nuestros patrones de respiración sean medidos. No es suficiente sólo sentirse bien, necesitamos que nuestros aparatos nos afirmen que estamos haciendo un buen trabajo.

Nuestra conquista obstinada por el “auto-mejoramiento” no es el antídoto.

Estamos acercándonos a la búsqueda del balance entre trabajo y vida con la misma energía obsesiva (y opresora), así como hacemos con nuestras carreras. A pesar de que la Asociación Psiquiátrica de EEUU, reporta que un 39% de adultos se sienten más ansioso que hace un año. 

Nosotros continuamos poniéndole glamour a estar sobre-trabajado, ocupado y estresado.

Varios estudios apoyan esto - por ejemplo, las Investigaciones del Diario del Consumidor, ha publicado estudios demostrando que los Norteamericanos asocian su “estar ocupados” y estrés con el prestigio y el estatus.

Esto puede explicar por qué contar nuestros pasos y grabar nuestras exhalaciones son formas satisfactorias de medir el éxito de la rutina de autocuidado una vez nos vamos de la oficina. Pero en este contexto, nuestra ansiedad alta se convierte en otra cosa en qué “trabajar”. 

Esto hace que nos cuestionemos: ¿Realmente estamos interesados en sentirnos más saludables y felices?  

Parece probable que los valores que nos llevan a ser “workaholics” en primer lugar también nos impulsan a “optimizarnos” usando trucos y apps orientadas a las mediciones. 

Para los orientados a la acumulación de méritos y obtener resultados más allá de los esperados, así tipo A, el auto-mejoramiento tiene un parecido más cercano al trabajo que al ocio.

Como una periodista independiente, también he subvencionado mi vida en Nueva York como editora, redactora y consultora para un rango de clientes en el espectro del espacio dedicado al bienestar integral de la persona. He guiado discusiones a grupos de enfoque sobre las apps de meditación y he creado sitios web y campañas de contenido para líneas del cuidado de la piel, compañías de jugos de depuración y apps de salud mental muy prominentes.  

Recientemente, uno de mis clientes me dijo que su meta de empezar una práctica de meditación se había visto frustrada debido a su tendencia en convertir todo, incluyendo su autocuidado, en un deber.

Después de probar una rutina diaria de 20 minutos, ella encontró que la meditación le causaba más estrés que relajación, que a cambio, la hacía sentir culpable y mal consigo misma. A pesar del hecho que la meditación de atención plena, o “mindfulness”,  es ahora lo suficientemente popular para ser un negocio billonario, la ciencia detrás de ella permanece como un trabajo evolutivo y permanente.

En un análisis del 2017 sobre estudios de meditación de las pasadas dos décadas, el autor y psicólogo David Creswell, quien dirige el Laboratorio de Salud y Desempeño Humano de la Universidad Carnegie Mellon, examinó las limitaciones metodológicas de recientes estudios de “mindfulness”. Él disipa el concepto malentendido que el Mindfulness está probado para combatir la ansiedad, depresión, dolor crónico, estrés y más. Y, aún, señala ciertas recomendaciones muy impresionantes: el mindfulness puede reducir la actividad en la amígdala, la región del cerebro responsable por la respuesta de pelea o huye. La meditación de estilo mindfulness también ha demostrado que reduce los niveles de interleukin-6, un biomarcador en la sangre que está elevado en los grupos de personas de un nivel de estrés muy alto.

Sin importar si las futuras recomendaciones científicas confirman los beneficios del mindfulness, es importante recordar que no hay una respuesta universal para aliviar el estrés. Si la meditación se siente como trabajo, se puede convertir en una práctica restrictiva, más que expansiva.  

Tratar a la meditación como un paso necesario para obtener la meta elusiva del balance de trabajo y vida, nos mantiene en el estado de “tener que chequear cosas de nuestra lista”. Si rígidamente nos comprometemos a practicar la meditación sin considerar cómo podemos reaccionar en días cuando no tenemos tiempo o no estamos de ánimos, podemos parar llenos de culpa o auto-criticándonos. Esto no es para decir que si la meditación se siente difícil, que nos demos por vencidos. Pero es importante ver como esta vieja tradición está siendo comercializada por nuestra cultura como una herramienta para poder mejorar. Si su mentalidad de lista de quehaceres es una gran fuente de estrés para empezar, ¿por qué agregarle?  

La meta es crear espacio para ustedes mismos, experimentar la curiosidad y explorar sin presión. Tomar unos respiros conscientes durante su viaje del día o fijar una intención para su día previo a salir de su casa. Recuerden: no hay nada inherentemente virtuoso  sobre auto-torturase.